Reconocer nuestras emociones

Es común en nuestras sociedades negar algunas emociones como la tristeza, la frustración, la ira o la alegría, entre otras, lo cual es un comportamiento socialmente aprendido, ya que solemos demostrar nuestras emociones, cuando sentimos que ese sentimiento aceptado por los demás.

Un ejemplo claro del postulado, es aquella frase: “los hombres no lloran”. Con ello más allá del acto de las lagrimas, están las creencias relacionas a que el hombre no debe sentir tristeza, ni frustración; a que un hombre todo lo soporta y que nada lo desestabiliza. Pero actualmente sabemos y reconocemos que los hombres también llora y lloran, porque sienten.  Pero para reconocer este gran paso de que los hombres lloran y sienten, debieron pasar muchos otros que debieron reprimir sus sentimientos y cansados de ello, lo confesaron, confesaron lo que se consideraban como una debilidad.

En la actualidad esta herencia de negar y reprimir lo que es parte de nosotrxs, -nuestros sentimientos-, se ha convertido tanto en hombres como mujeres en algo casi natural, es decir un mecanismo de protección frente a personas que detectamos como “peligrosas” y frente a las cuales nos obligamos a parecer más fuertes de lo normal y obviamente, emociones como tristeza, desánimo y miedo no tienen cabida.

Sin embargo como en el mito “los hombres no lloran”, la fortaleza no es el resultado de la negación, la fortaleza deviene cuando somos capaces de asumir nuestros propios fantasmas y esto es hacerse responsable de lo que sentimos. A este maravilloso proceso Saluvey y Mayer (1997), lo identificaron como Inteligencia Emocional, ya que si bien lo ideal es no resistirse a expresar y sentir diferentes tipos de emociones, tampoco es conveniente reaccionar de forma desproporcionada.

En este sentido los autores afirman que la inteligencia emocional son habilidades que se pueden aprender y adquirir, para ello mencionan cuatro pasos:

  1. Se debe fortalecer la capacidad de identificar y expresar emociones; preguntémonos por lo menos una vez al día, ¿cómo me siento? ¿logro evidenciar mi estado de animo?, si no sé cómo me siento no sabre como gestionarme. Si no evidencio mis emociones, los demás no sabrán como suplir nuestras necesidades, “no son adivinos”.
  2. Comprender estados emocionales, así como es importante identificar mis propios estado de animo, ¿identifico como se sienten las personas con las cuales comparto el día a día? ¿soy empaticx con sus emociones? ¿acepto y facilito las emociones de quienes me rodean?
  3. Las emociones facilitan los pensamientos; se reconoce que la alegría facilita la creación. Por tanto los pensamientos tienen un papel primordial para la toma de decisiones, por tanto reconocer que emoción genera determinado pensamiento nos permitirá reflexionar con mayor detenimiento si tomamos o no una decisión.
  4. Capacidad de controlar y regular nuestrxs estados emocionales: tiene que ver con la capacidad de describir y observar, pero sin juzgar nuestras respuestas emocionales. Es importante darnos el espacio para sentir la emoción (¿qué nos quiere decir esta emoción?), obviamente si no es un caso urgente.

Este es un modelo que facilita Saluvey y Mayer, es practico y sencillo, que destruye los postulado de “si quieres ser fuerte parece fuerte”, al contrario, nos invita a que seamos fuertes desde el autoconocimiento y esto es reconocernos como personas que sienten y que demuestran a otrxs que sienten.