ARTE Y CUERPO. MI CUERPO, BLANCO LIENZO…

c2“Wo Es war soll Ich Werden”

(Dónde eso era, el sujeto ha de advenir)

Sigmund Freud

Los primeros trazos de la obra se lanzan sobre el lienzo ya listo: se le ha removido el polvo, puesto las primeras capas de barniz, se le ha dejado secar.  El olor, la forma de las pinceladas del barniz, la textura del paño, la forma del pincel, los materiales, todo en su conjunto previamente preparado, para recibir los primeros toques de pintura.  En el umbral de todo aquello que no  se percibe a simple vista es donde el sujeto se encuentra, donde yace el lenguaje.

Autora

En el sujeto no hay nada inmutable, desde este punto de vista todo en él cambia, pero no de cualquier manera porque esta dinámica subjetiva está determinada por la estructura. Lo que no es del campo del sujeto, es un agujero en la estructura, “lo que no es”, en tanto falta, constituye el campo del objeto.

El sujeto tiene la posibilidad de crear su objeto a través del arte. No se puede representar a sí mismo, ni a la realidad suya u otra. El objeto, como objeto de pulsión, está perdido y su representación, en tanto falta, es la causa del deseo. El sujeto crea su objeto ya que no está creado de antemano, es más, es justo aquí dónde, a través de su creación, puede reencontrarse con aquél objeto perdido.

Tenemos dos cuerpos, el cuerpo del soma y el cuerpo simbólico. Sin el cuerpo del lenguaje el cuerpo biológico no tiene posibilidad de vivir. En este orden de ideas el cuerpo simbólico parasita al cuerpo biológico posibilitándole la vida. En tanto el lenguaje es incorporado en el cuerpo somático, lo modifica y es por vía del sujeto que surca la naturaleza y crea el campo social, cuya consistencia está dada justamente por la palabra.

El lenguaje es nuestro límite, es el borde del lienzo en el que nos constituimos como sujetos. Más allá de este borde no hay posibilidad de nada. El marco hace un recorte, separando lo intrínseco y lo extrínseco. Es este marco lo que funda el infinito, sin este borde no hay infinito. Evocando a  Heráclito y su metáfora “nadie se baña dos veces en el mismo río“, el discurrir del lenguaje nos da las infinitas posibilidades por las cuales nunca decimos lo mismo, aún diciendo lo mismo, como así tampoco el artista puede volver a crear exactamente la misma obra, aunque si puede corregir su creación a través de una nueva.

No hay cordura en quienes no sienten la necesidad de crear su universo propio en otra escena, como cuando soñamos. Sea cual sea la forma y los materiales, lienzo, piedra, sonido (solo el poeta no precisa de herramientas para reinventarse, le bastan las palabras e, incluso, en ocasiones, ni precisa del sonido). Enfermamos cuando rechazamos ese deseo.

Por el contrario, buscar fuera de sí, en las cosas, en los objetos, lo que siempre ha estado adentro como una falta, como un anhelo, es la causa del desorden subjetivo paranoico propio del desvío que propicia la civilización occidental en las sociedades de consumo. Si algo cercano a la felicidad existe, sólo puede pensarse en la creación artística y en el lazo entre las personas.

Se tiende a poner la satisfacción en “lo bueno”. Como deleite de nuestros sentidos sólo tomamos aquello que no nos genera sufrimiento, evitando lo que quizá es verdaderamente valioso y que podría liberarnos de nuestras ataduras culturales, sociales, familiares y espirituales. En parte es un error. La causa del bienestar es el caos en tanto uno hace algo con ese caos. Justamente, en la creación artística, el sujeto puede devenir del caos a la satisfacción, en aquello que le moviliza y no en aquello que lo mantiene quieto, postrado, sin voluntad, como con las nuevas tecnologías que se ofrecen como una vía de evasión posible de la propia subjetividad.

Eso quizá sea la inspiración, el ver en lo no evidente, percibir aquello que, oculto en nosotros mismos, espera su realización. Allí donde la palabra no alcanza, aparece el arte. Lo que agudiza el dolor son las heridas que se abren por los repentinos y a veces bruscos encuentros con uno mismo. Los dolores se mitigan si se evade lo que emerge de nuestro interior, pero la influencia que genera cada acto reprimido silenciosamente, va acabando con la propia subjetividad. No hay nada que nos genere más temor que nuestros propios deseos por la incertidumbre y la responsabilidad que conlleva su realización. Pero es mejor dejarnos sacudir por nuestro deseo a fingir una sonrisa y hacer trazos sin vida en un lienzo opaco y sucio.

Los sujetos nos corregimos a través de los objetos que creamos. A medida que practicamos nuestro actuar, en tanto sostenemos en acto nuestro deseo, ya sea en el discurso, en el sentir o en el pensar, cambiamos nuestra condición subjetiva. Esta dinámica, a la vez que nos transforma, transforma el mundo. c

La civilización actual propone una única opción de ser humano como ideal totalitario, desconociendo las diferencias culturales, étnicas y personales; por lo tanto, es responsable de tragedias humanas como el Holocausto, Hiroshima y Nagasaki, la interminable guerra de Medio Oriente cada vez más cruel, el desastre ecológico y humanitario en África, la emergencia medioambiental en todo el planeta, los conflictos políticos y sociales en nuestros países americanos, el racismo, el femicidio, la homofobia, entre muchas otras.

Al mismo tiempo que aplastó la subjetividad haciendo de las personas partes de la maquinaria económica del capitalismo, arrastró el arte consigo como expresión subjetiva. Para revivir el arte necesitamos intuir de una manera diferente nuestra realidad cotidiana, sin ello, se degrada deviniendo meramente un adorno. En este orden de ideas el artista es un vehículo entre su subjetividad y el horizonte subjetivo de su tiempo. Un acto del no ser al arte.

El arte y el psicoanálisis son unos de los pocos recursos que nos restan como espacio de resistencia; no sólo como resguardo de nuestra subjetividad, sino también restableciendo los lazos sociales cada vez más debilitados o rotos, al tiempo que modifican de alguna manera el mundo. Esto es sólo a condición de sostener la responsabilidad que nos recae de nuestro deseo, no ignorando los modos ocultos que nos contemplan desde adentro y desde nuestro alrededor y que esperan el encuentro con un lienzo en blanco para salir a navegar en él.

Así el artista se empodera, reinventándose a sí mismo en un sujeto político. Si el arte no es político no es arte. Y la política en psicoanálisis, es la política del inconsciente. De allí que la creación artística, como los sueños, no son un testimonio o una representación de la realidad, si no un síntoma que reúne al sujeto con su tiempo. No al tiempo cronológico pasado, presente, futuro; que lo devora todo. La obra de arte sobrevive al tiempo, como el “Saturno devorando a su hijo” de Goya que vence a la propia voracidad de Saturno (Cronos, el dios del tiempo), renaciendo cada vez ante los ojos de un espectador que la observa y a su vez modificándole en tanto sujeto. Por eso el arte es subversivo al capitalismo el cual crea objetos masivos y prototípicos. La obra de arte no solamente es irrepetible, sino que además se recrea a sí misma en cada sujeto y por ello es invaluable.

Por otro lado el arte modifica la naturaleza, la espiritualiza, al contrario del capitalismo que la destruye. Una sociedad sin arte es una sociedad autista o muerta, ya que el arte es uno de los lazos sociales por excelencia, al ser una de las expresiones privilegiadas del discurso en tanto nos subjetiviza en el ahora. El arte no es solamente lo que se exhibe en museos o galerías. Un ejemplo, para ser más precisos en esto, es cuando comparamos la escritura alfabética de occidente con otras culturas donde no se usa el alfabeto, allí nos podemos dar cuenta de que en otras lenguas como el fenicio, el egipcio, chino o japonés entre otras, donde lo que se escribe no son los sonidos, es donde el sujeto se hace presente leyendo cada vez de una manera diferente la escritura.

Así como la forma del lenguaje constituye el cuerpo social, su dinámica y su orden político, así también, el lenguaje constituye  al cuerpo de cada sujeto y es a través de ese cuerpo que el sujeto habla, ya que todo él se encuentra comprometido en el discurso. Es justamente aquí donde el arte actúa, rescatando lo propio del sujeto, no permitiendo su borramiento, preservándole y dándole la posibilidad de emanciparse.

El alma no es un incorporal como la psique de Platón, el lenguaje hace un cuerpo que es incorporado, es la psique de los estoicos, es el cuerpo del lenguaje que al mismo tiempo que parasita al soma, le permite vivir.

El arte es una forma de conversar con el cuerpo, de recordar formas pasadas y aquellas que se desea al porvenir, esas que el cuerpo tanto ansía. El presente es efímero, es el cruce entre el pasado y el futuro; que no existen. Toda certidumbre es delirante. Ahora, se puede hacer de lo efímero, así como del amor y el arte, algo duradero ya que estos sobreviven a la propia muerte del sujeto.

Su verdadero nombre no se sabe, está escrito en todo lo que le hace ser eso que llamamos arte, pero si logramos intuir de otra manera  quizá encontremos que se llame inconsciente. ¿Y cuál sería el fin de cada trazo, sino significar aquello que escapa al saber?c1

Lágrimas son arrancadas de los ojos al despertarse a través del movimiento de los dedos, de los labios, del silencio en el acto de crear una obra, la propia, y es justo allí donde se encuentra uno mismo a pesar que, en ese mismo acto, se ausenta.

Ser deseante es aquél que transforma su realidad al darse cuenta que su relación con la pintura, la brocha y el lienzo es inseparable. Por tanto se hace indefinible cada uno por sí solo, se les puede atribuir características específicas que les hacen útiles, pero su verdadera esencia se hace imposible de descifrar en su unicidad.

En este orden de ideas se podría decir que la creación no termina, aún si se han lanzado las últimas pinceladas, y puesto la firma en la obra. El deseo es insaciable, dando la posibilidad de crear una nueva obra. Esto evoca la noción budista de reencarnación, ya que en el budismo no existe la idea de un yo o de un alma permanente que reencarne, lo que causa un nuevo nacimiento es que el deseo no puede ser satisfecho totalmente. Ese “no todo”, es lo que hace que el deseo continúe y no se agote en la finalización de una obra de arte. De allí que tanto el sujeto como el objeto de arte creado no son estáticos sino que son en un  continuo devenir. Como decía William Blake: “Aquel que desea pero no obra, engendra peste.”.

Por tanto el arte es un devenir posible del lenguaje como escritura y en él nos podemos constituir como sujetos mientras que, simultáneamente construimos el objeto, de igual manera que un analizante avanza hacia su fin de análisis, pero una vez alcanzado éste, su análisis continúa…

“Escúchame, mira si los budistas van a necesitar el psicoanálisis!” D.W.

Adda Consuelo Avendaño

Psicóloga – Analista en formación.

Buenos Aires – Setiembre de 2015

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